EL NOVIO DE MI HIJA NO ES SANTO DE MI DEVOCIÓN (PILDORITA XII)

El novio de mi hija no es santo de mi devoción. ¿Qué sería del verano sin sus amores de adolescencia?

Son numerosas las oportunidades para conocer a gente nueva durante las vacaciones al frecuentar otros lugares distintos a los habituales. 

Tarde o temprano, sabíamos que llegaría el momento en el que nuestra hija o hijo nos hablaría de alguien especial que ocupa sus pensamientos y corazón, aunque viene a ser imposible dejar de pensar en si toman suficientes medidas respetando a su cuerpo y al disfrute de una actividad sexual sana. Huelga decir, llegar a mencionar la palabra homosexual nos podría causar confusión, y sin ningún tipo de reparo queremos que sean felices y cualquier decisión debería ser aceptada con respeto. Sin dudas, nos puede llegar a preocupar más el posible “qué dirán” al no seguir la norma “impuesta” con una pareja del mismo sexo.

Dentro de las variables de relación, podría resultar enamorarse de una persona mayor, casi de nuestra quinta. El caos está servido en el hogar: sobremesas tensas, innumerables horas de discusiones, promesas rotas. ¿Y ahora qué?

  • Valora la personalidad de tus hijos, conversa con ellos sobre sus prioridades en la vida y sobre la importancia de relacionarse con personas afines.
  • Si hasta entonces no has tenido oportunidad de hablar sobre sexo con ellos, ahora es el momento. Si no sabes cómo aproximar la conversación, pide cita en un centro de planificación familiar o incluso en tu centro de juventud más cercano para que sea un profesional quien les informe en primera persona. Otra posible opción es ese amigo de la familia, primo o tía que tiene mucha afinidad con nuestros hijos y sabemos que estarían encantados de dirigir esa charla de forma distendida. Cierto es que las nuevas generaciones tienen acceso a mucha información y cada vez a una edad más temprana, pero los padres debemos asegurarnos que son conocedores de la realidad tal y cómo nosotros la entendemos.
  • De entrada confía en tus hijos, si por norma general su conducta es razonable durante el año, ahora no iba a ser diferente. A no ser que detectases cambios de conducta muy radicales.
  • Tendemos a dramatizar las situaciones poniéndonos en el peor de los escenarios, cuando ni siquiera conocemos la realidad de forma fidedigna. No hay mejor remedio que preguntar, escuchar y dialogar. De ahí, valoramos. Es más probable que nuestros hijos compartan más de su cotidianidad si perciben que son valorados y respetados.
  • Independientemente de la edad, el ser humano siente el deseo de experimentar. Aunque es durante la adolescencia y sobre la veintena cuando es incipiente por la curiosidad previa a una determinación. A su vez, es una etapa de definición por ende. Disponemos de toda una vida para decidir qué queremos. Una pareja del mismo sexo es una opción más. Del mismo modo, ser homosexual es una elección personal loable.

Si hoy no fue un buen día, recuerda que mañana saldrá el sol.