“Que nuestros defectos se lleven bien”, esta sería una genial frase de cortesía cuando nos presentan a alguien. También podría ser una declaración de amor. Porque la aceptación de los defectos del otro, y ante todo, de los propios, es fundamental para poder llevarnos bien. Para querernos bien.

La frase lleva implícito el reconocimiento de nuestros puntos flacos, que paradójicamente nos hace más fuertes. Porque conocer y aceptar nuestras debilidades nos va a motivar realmente a cambiarlas, si estamos de verdad convencidos de que son defectos, cosas que mejorar. Al estar convencidos de nuestra flaqueza, de nuestra vulnerabilidad, nos sale de forma natural el querer cambiar. Afrontemos la adversidad como una oportunidad y habremos alcanzado el éxito.

Contaba recientemente la pintora e ilustradora Paula Bonet en La Vanguardia que siempre le habían acomplejado sus manos, porque según ella son grandes y feas. Sin embargo, su abuelo, que era carpintero, las cogía entre las suyas y las miraba con cariño y complicidad: “Mis manos son como las suyas. Él veía las señales de lo que estaba haciendo con ellas en mi trabajo”, decía Paula. Eran su marca genuina, y esas manos expresaban quién era ella en parte a través de lo que hacía, que además es un trabajo artesanal como el que fue el oficio de su abuelo.

Nuestras debilidades forman parte de nosotros mismos, formando un conjunto que los primeros en aprender a aceptar somos nosotros mismos. Una vez tengamos nuestra propia aceptación, querernos será tarea fácil. Si aceptamos nuestra debilidad, esta ya no lo será tanto. Y una debilidad es una debilidad cuando puede ser atacada. Pongamos esa visión en nuestra pareja: Si aceptáramos sus imperfecciones sería un amor más fácil y fluido.

En la práctica: Pongamos una en una columna algo que consideremos que nos ha salido mal. Junto a esta columna escribamos lo que podamos aprender de este suceso. Y en una tercera columna lo que pensemos que podemos hacer para mejorar si vuelve a darse el caso, basándonos en lo que hemos aprendido. Una mayor comprensión de la realidad, poniéndola por escrito, nos llevará a que esta mala actuación que hemos tenido, esto que nos ha salido mal, no sea tan mala ya que la habremos aprendido de la misma.